Entrevista a Juan Zavala, autor de El Juego de los Olvidados

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Por Pedro Rengifo

Un artículo leído hace 10 años, la avidez por contar historias diferentes y el interés por el fútbol y la geopolítica, llevaron a Juan Zavala a investigar y visibilizar en un libro a los “apartados” del fútbol: naciones de facto, regiones, pueblos minoritarios, territorios aislados del deporte e incluso naciones reconocidas por países y organismos del mundo, pero que no tienen cabida en el balompié asociado y las instituciones que lo representan.

A pesar de que Tuvalu, una archipiélago de poco más de 11 mil habitantes ubicado en el océano pacífico, es miembro de la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC, por sus siglas en inglés), y también pertenece al concierto de países representado en la Organización de Naciones Unidas (ONU), sus condiciones geográficas, entre otros factores, no le han permitido ser miembro de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA).

La principal razón que mantiene a este país al margen de la FIFA es el no contar con un estadio de césped. Tuvalu está a un promedio de 2 metros sobrel el nivel del mar y su único estadio deportivo posee superficie de coral, por lo cual sus futbolistas tienen que entrenar en uno de los pocos lugares con césped en el país: el aeropuerto.

A casi 15 mil kilómetros de Tuvalu se encuentra Somalilandia, un país africano al que ningún estado reconoce, pero funciona independientemente de Somalia y tiene su propia constitución, gobierno y moneda. No es miembro de la ONU, ni, por supuesto, de la FIFA.

Y lejos, al norte, en el continente europeo, se encuentra Osetia del Sur, al que solo reconocen como República cuatro países del mundo: Rusia, Nicaragua, Nauru y Venezuela; en este último se dio a conocer por enviar a su jefe de estado a la juramentación de Nicolás Maduro como presidente. La discutida legitimidad de esta nación la aleja de cualquier reconocimiento multinacional o entrada a organismos internacionales.

Como estos tres casos, son muchos los países que buscan en la cancha el reconocimiento que el mundo no les otorga. Estos seleccionados con una profunda connotación política hacen vida en la Confederación de Asociaciones de Fútbol independientes (CONIFA), una federación de fútbol para todas las asociaciones fuera de la FIFA.

Un ámbito desconocido para muchos, es parte del día a día de Juan Zavala, estudiante de ingeniería venezolano que se ha esforzado por conocer ese fútbol que se desenvuelve a la sombra de competiciones históricas como la Champions League o la Copa del Mundo, de equipos globales como el Real Madrid o el Manchester United y de las Federaciones y Confederaciones con décadas de trayectoria.

Naciones de facto, regiones, pueblos minoritarios, territorios aislados del deporte e incluso naciones reconocidas por países y organismos del mundo, pero que no pertenecen al fútbol asociado, son quienes conforman la CONIFA. Esta institución, con sede en Suecia, nació en 2013 y está integrada por 57 miembros de todos los continentes. Ha celebrado tres “Copas del Mundo” y tres “Copas Europa”.

Para fortuna de todo ese entramado de regiones no reconocidas pero unidas por el deporte, y de los relatos que están “del otro lado del telón”, como lo define el propio Zavala, los olvidados, los “no-FIFA”, tienen quien los recuerde y busque contar algo poco común. Recientemente, el estudiante de ingeniería industrial de 23 años publicó su libro El Juego de los Olvidados, en formato E-book que se puede encontrar en Amazon y Amazon Kindle, donde busca exponer, a través del fútbol, relatos distintos a los que habitualmente se leen en los medios y las redes.

¿Qué despertó tu interés en escribir El Juego de los Olvidados, sobre la CONIFA y sus miembros?

El interés inicial se dio tras leer un artículo del tema hace aproximadamente 10 años que hablaba de la NF-Board, organización que precedió a CONIFA en la labor de regir el fútbol en regiones que carecen de reconocimiento, y la tarea que esta estaba realizando.

La pasión por el fútbol fue la base que hizo que, amén del interés personal por la geopolítica y las ganas de contar historias diferentes, el enfoque del proyecto siguiera esta línea: en cada capítulo intento fungir como una puerta a todo este mundo del balompié en regiones no reconocidas.

La búsqueda de fuentes de información en este ámbito debe haber sido una tarea compleja, dado que es un tema reciente y poco conocido. ¿Cómo fue el proceso?

No resultó sencillo. Hablamos de un tema que tiene poca repercusión en el mundo del fútbol y el deporte en general, pero fue un proceso de retroalimentación continua que me ayudó mucho. Para realizar la documentación me valí de entrevistas con personas de alto rango en la misma CONIFA como Sasha Düerkop, Jens Jockel o Kieran Pender, técnicos y jugadores que participaron en el mundial de Londres 2018 y de quienes han escrito sobre el tema.

Igualmente, la correcta búsqueda documental y revisión de partidos y fichas de torneos me permitió introducirme de forma progresiva en este mundo.

¿Has visto partidos de los equipos de CONIFA?

La Eurocopa celebrada en Artsakh este año fue la primera que llegué a seguir desde el principio. En Youtube pueden verse algunos partidos; aunque, debido al creciente interés, la organización ha logrado convenios de transmisión con otros canales. En este sentido se ha avanzado mucho y creo que es uno de los pasos que deben realizarse para lograr la masificación de este fútbol.

El nivel de los futbolistas, salta a la vista, no es el mejor. Son las ganas y el deseo de dejar su bandera en alto lo que genera el interés de contar sus historias.

¿Cuál de “los olvidados” te llama más la atención?

Siempre resalto el caso de Tuvalu, seleccionado que debería pertenecer a FIFA ya que es una nación reconocida por la ONU. Padania, equipo que surgió del deseo separatista de un partido político de ultraderecha en Italia. O Kárpatalya, que representa a la minoría Húngara en Ucrania y fue campeón del mundial pasado, en Londres.

¿Tienes algún ídolo, o algún futbolista que te haya parecido sobresaliente?

De esta última Copa europea me quedaré con dos: Andrea Rota, mediocampista de 42 años del equipo de Padania. Se convertió en el único jugador que ha marcado anotaciones en cada competencia que ha organizado CONIFA. Increíble.

El otro es Marko Van Basten Cema, delantero del equipo de Chameria de 2,02 metros e internacional sub-21 albano. Fue el segundo máximo goleador del torneo y cuenta que su padre y su tío eran muy fanaticos de la Serie A italiana; de ahí viene su nombre, y el de su primo, llamado Rijkaard.

Ahora, el tema es apasionante. ¿Pero estás de acuerdo con que estados no reconocidos tengan este cobijo institucional que les brinda CONIFA?

Es un tema que trae polémica. Por un lado, están los que defienden que el fútbol es un deporte universal y que todos tenemos derecho a jugarlo, sin importar nuestra bandera, religión o donde nacimos. Por el otro, está la cuestión de darle cabida a seleccionados que, aunque no sea su intención, tienen una carga sumamente politica.

China ha intentado vetar en varias ocasiones la participación del Tíbet en torneos de esta índole. La polémica que trsjo la elección de Artsakh con Azerbaiyán, país que posee su “custodia”, aunque sea solo en el papel. Y ya sabemos las intenciones de equipos como Abjasia u Osetia del Sur, territorios ubicados en Georgia pero que quieren formarse como naciones independientes bajo el abrigo de Moscú y que solo son reconocidos por cinco países (entre ellos Venezuela). Cada partido que organiza CONIFA trae tela para cortar y siempre habrá críticas en ese sentido.

¿Cómo valoras el papel de CONIFA? ¿Sueñas con ir a alguno de sus torneos?

Tomando en cuenta los recurrentes problemas de logística y financieros que enfrentan sus equipos, creo que ha sido bueno. Ellos ven todo esto como un ideal de cómo debe ser el deporte, un símbolo de la unión y lucha que enfrentan las diferentes regiones. Siguen tratando de innovar en un medio limitado y cada vez siguen ganando más reconocimiento. Es loable en este sentido.

Ir sería una experiencia que ayudaría a complementar mi interés en el tema. Ver, en primera persona, todo esa perseverancia debe ser fascinante. Un modo de visualizar todo de forma relativa, a sabiendas que no es lo mismo ir a Camp Nou u Old Trafford que a Somalilandia o Artsakh. Eso es lo que lo hace diferente.

¿Qué viene después de El Juego de los Olvidados? ¿Seguirás escribiendo sobre el fútbol?

He sido un entusiasta del fútbol toda mi vida. Es una pasión que me acompañó en momentos complicados, felices y constructivos. Me encanta hablar de él. Curiosamente empecé a escribir y colaborar en webs y revistas internacionales a principios del año pasado pero con cuentos y relatos literarios. Básicamente esa es mi formación como escritor y redactor. Dos redacciones cambiaron mi forma de ver esto, como lo son The Line Breaker y Jugada Ensayada.

Estos meses han sido de aprendizaje, prueba y error. Hay ideas sueltas que quieren llegar a convertirse en algo más grande. El año que viene veremos como van andando las cosas y si es factible poder volver a sacar otro libro, ya sea de fútbol o quizás incluso volver a mis raíces. En esta etapa del camino no descarto nada.

Pueden adquirir el libro El Juego de los Olvidados: Historias del Fútbol no Reconocido en el siguiente enlace

Foto de Artículo: Jeremie Roturier

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