El Cobre: La belleza campesina en Táchira

Por Hynri Guzmán Jiménez 

Con mi familia llegué a un pueblo muy hermoso. El Cobre, ubicado en el estado Táchira, es de clima frio, de paisaje campestre, de gente que habla entre dientes pero muy rápido. Sus voces son como música metálica de lengua española, tan extraño a mis oídos.

Decidí caminar por las calles de piedra, para aclimatarme y adaptarme a los oriundos de esta belleza natural. Visité la llamada iglesia San Bartolomé del Cobre en honor a su patrona la Virgen del Cobre, un monumento sin igual.

Esa iglesia -con grandes puertas de madera de principios de siglo XVIII-, una plaza Bolívar, un cine, una medicatura, una laguna y un río rojo atraviesan toda la población. También hay un cuartel de los cazadores, regimiento para sobre guardar la soberanía nacional y cuidar del orden publico.

Foto Mapio.net

La comida es muy rica en su sabor y los habitantes sirven en grandes cantidades para justificar la faena del día. Las arepas de maíz molido son de gran tamaño pero muy delgadas; las abuelas nos enseñaban el grosor y el tamaño que tenía cada arepa, era como ver una fabrica en proceso de producción.

La sopa típica (con papas, que llaman pisca), la mantequilla fresca, quesos, pasteles de yuca, bollo andino, perico, sopa de arvejas, sopa de garbanzos, chanfaina, almojábanas, sopa de frijoles, mondongo andino, el suero con picante y muchos platos más conforman la gastronomía de este bello lugar.

Las bebidas también identifican estas latitudes: Calenta’o, piñita, dictamorreal, mistela, chicha de maíz, mazato de arroz, guarapo de caña, horchata, canelita, guarapo fuerte, aguardiente, el café, aguamiel o agua panela que nunca falta.

Foto Cortesía Jorge Castellanos

El campesino desde las cinco de la mañana sale a trabajar al matadero para preparar de tres a cuatro bestias, que en toda la noche muén con un gran lamento como si presintieran su destino. Al llegar, el campesino coloca el animal en el cuadro donde hay un drenaje de agua con una manguera, cuatro vigas de madera para amarrar y colocar sobre los cachos a la bestia, luego le atraviesa la yugular con un cuchillo de doble filo e inmediatamente se coloca una lata para desangrar al animal y usar esta sangre para la elaboración de las morcillas. Mientras se llena la lata sube un vapor que es la vida del pobre animal que esta muriendo con gran sufrimiento.

El que está realizando la faena corta la piel desde las patas traseras hasta las delanteras por la línea media del ganado y saca el cuero lo mas fino posible con la menor grasa para salar el cuero. Después. en la curtiembre. se realiza el vaciado de las viseras y hace los cortes correspondientes para llevar las piezas de carne a la venta.

 

 

A las siete  y media  de la mañana se pasa a dar la comida de los animales y hacer el ordeño. Después (de ocho y media  a nueve  de la mañana) se preparan para el desayuno. Luego de desayunar hay muchas cosas en que ocuparse, por ejemplo cortar caña para alimentar a los cochinos, atender la siembra, salir en búsqueda de los animales que se sacrificaran al día siguiente, reparaciones a la casa o al establo, preparar la comida del ganado, inyectar a las gallinas y los cochinos. Siempre en el campo lo que sobra es el trabajo.

Las manos de los campesinos de San Bartolomé del Cobre son fuertes, de palmas con muchos callos. Son de poco hablar, no les gusta las bromas o chanzas. Sus diversiones son las terneras, los coleos, los billares, los bailes, las música mexicana y los vallenatos.

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