Formación Social Moral y Cívica

Igor García

Si en el bachillerato se hubiese continuado, y aun profundizado sobre la educación Social, Moral y Cívica, quizás tuviésemos en este momento una población más clara sobre la situación del país.

En esa materia cursada en el primer año de bachillerato por la época de los sesenta, se enseñaba sobre la República, la formación de sus leyes y la prevalencia de unas sobre otras. Por ejemplo, se nos decía que la Constitución era la ley fundamental, es decir, la máxima ley, la que no podía estar subordinada a ninguna otra, salvo a los convenios internacionales que lo reflejaran como tal y otras leyes de menor rango, como las leyes orgánicas y las leyes ordinarias.

 

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Por esa razón la Constitución debía ser respetada y por lo tanto mantenerse la existencia de un poder ejecutivo, un poder legislativo y un poder judicial, cuya trilogía formaba un equilibrio que daba sustento a la democracia. Se decía allí, también, que la soberanía residía en el pueblo, el que la ejercía a través del voto, que estaba reservado, en aquel entonces, al nombramiento del presidente de la república y de los diputados y senadores del Congreso Soberano.

Me imagino que si en las escuelas, liceos y universidades se dedicara un tiempo a romper la ignorancia de la población en lo relacionado a su funcionamiento ciudadano, no tendríamos tantos problemas en hacer conocer a los venezolanos, especialmente a muchos políticos, todo lo que está pasando en esta nación.

De existir claridad en lo que respecta a los tratados internacionales, no gastaríamos el tiempo en precisar si es o no injerencia el hecho de que los países aglutinados en la Organización de Estados Americanos, OEA, estén haciendo bien su trabajo, o si la Organización de las Naciones Unidas pueda dictar normas de convivencia internacional.

También la ciudadanía podría precisar o no si de verdad existe una ruptura del hilo constitucional o, si por el contrario, un Presidente tiene la facultad de acudir a un órgano revisor de la las leyes como el Tribunal Supremo de Justicia, para que supla a la Asamblea Nacional, antiguo Congreso, para abrogarse sus competencias y favorecer con ello al Poder Ejecutivo.

A lo mejor los pedagogos no hubiesen llegado tan lejos, pero por lo menos se hubiese impartido lo básico, algo así como que, tanto el Presidente o Poder Ejecutivo, como los diputados, Poder Legislativo, se encuentran en un mismo nivel, por ser ambos electos por el pueblo soberano, pero con atribuciones diferentes.

De no ahondar mucho en la materia, por lo menos los alumnos pudiesen haber conocido que le toca al Poder Legislativo la elección de los jueces que conforman el Tribunal Supremo de Justicia y que éstos no pueden emitir decisiones que estén por encima de la Asamblea Nacional y mucho menos del pueblo mayoritario que eligió a sus representantes o diputados.

Pero, lastimosamente, ya esas cosas no se ven en la educación formal de los nacidos en esta tierra, aunque existe una materia llamada Educación Pre Militar donde les hablan de orden cerrado, de uso de armas, de guerra, de caudillos y cosas similares, como si estuviésemos en la antigua Esparta de guerreros griegos.

Ojalá y cuando las aguas de esta tormenta se aplaquen, los seres pensantes de esta nación se pongan de acuerdo en un gran proyecto sobre el país que queremos, sobre la manera sostenida de hacerlo próspero, creativo y adaptado a los retos futuros y todo ello con una educación acorde a nuestra idiosincrasia y necesidades, donde conozcamos nuestro funcionamiento social y político y donde no caigamos en las mentiras de seudolíderes que sólo están interesados en el poder.

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