Y el profesor no tiene agua - Seis Grados - Experiencias que nos conectan
Y el profesor no tiene agua

Y el profesor no tiene agua

Por Juan Zavala

Despierto sobresaltado. Miró mi teléfono y dejo escapar un breve suspiro.

2: 45 de ese miércoles.

Enciendo el televisor en busca de alivio y dejó pasar el tiempo entre malas películas de terror y alguna que otra de la serie de “Rápidos y Furiosos”, clásicos de esas horas. A las 4: 25 decido tomar todas mis ganas para vivir (literal) y logro salir de la aquella necesaria cárcel de sábanas. Noto que las luces de la sala son encendidas y que mis padres optaron por acompañarme en mi madrugador primer día de mi penúltimo semestre en la universidad. Rápidamente me preparo mientras termino de acomodar mis cosas (es un decir, solo mi fiel carpeta seguía mi ritmo), engullo de forma apresurada una arepa con queso y mantequilla y una generosa taza de café (una combinación tan perfecta) y salgo rápidamente.

 

 

Les pido la bendición a mis papás y ellos me la dan en voz alta y me desean buenos augurios, como si fuera la primera vez. Salgo cubierto por la inmensidad de la oscuridad y camino rápidamente, volviendo la cabeza nerviosamente cada tanto. En el camino -hacia la Plaza Bolívar de mi localidad- me encuentro con algunos conocidos y otros no tanto. Intercambiamos miradas y seguimos cada quién a lo suyo. Unos diez minutos luego de haber salido de mi hogar, por fin llego a la mencionada plaza y me coloco a esperar transporte por una media hora y con aproximadamente una treintena de personas delante de mí. Dicho y hecho, pasado el tiempo llega una buseta que asume a casi todos los pasajeros, incluyéndome.

Previo pago del pasaje, arribo a la unidad. Lo que se suponía un camino de casi cuarenta minutos entre Los Taques y Punto Fijo se alarga de forma notoria al encontrarnos con una tranca. Las personas que viven en las adyacencias pedían celeridad en su caso ya que tenían más de medio día sin luz eléctrica y casi un mes y medio sin tubería. Mientras las discusiones entre choferes, usuarios y manifestantes crecen en volumen y empleo de groserías, simbólicamente los separan, a modo de frontera, una rudimentaria línea de palos y piedras dispuestas en la carretera.

Cruzo la “frontera” y me dispongo a esperar alguna unidad que me permita llegar a mi destino. Cuarenta minutos después yo seguía en el mismo sitio. Poco después, un Transfalcón (el nombre asignado para el Estado Falcón de la línea de transporte terrestre de la empresa china Yutong) hizo acto de aparición y tras salir del asombro (pensaba que la falta de repuestos había llevado a la extinción a estos “dragones rojos”) y junto a otras personas logro llamar su atención y que se detenga.

8:15 am. Arribo a la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda y me dispongo a buscar el aula mientras reviso mis papeles y al fin logro llegar. Vacío.

A través de otro compañero me entero que el profesor había dado clases hasta las 8. Cabizbajo, decido irme a otro módulo a esperar mi siguiente clase. Al rato otro profesor avisa que el nuestro no vendrá a la universidad ¿Razón? No tiene agua.

Suspiro con cierto deje de rabia y decepción. Me despido de los pocos compañeros que me acompañan en esta recta final de carrera y me voy a esperar transporte a mi casa. En el camino me avisan que en otra comunidad acaban de trancar la carretera. Solo diré que llegué a la 1:00 pm cansado, molesto y hambriento. Solo las ganas de crecer y superarse sustentan este horror. Respeto y reconocimiento eterno a los que seguimos el camino y superamos “fronteras” diariamente.

@zavalajuan_