La odisea de transportarse en Guárico: a veces en Yutong, a veces en 'perreras' - Seis Grados - Experiencias que nos conectan
La odisea de transportarse en Guárico: a veces en Yutong, a veces en ‘perreras’

La odisea de transportarse en Guárico: a veces en Yutong, a veces en ‘perreras’

La mayoría de las unidades de transporte que aún circulan en Venezuela van abarrotadas de gente y hay quienes no tienen más opción que arriesgar su vida en las llamadas  ‘perreras’

Por Blanca Hurtado Nederr

Un Yutong hace su parada en la avenida Miranda de San Juan de los Morros, estado Guárico, en los llanos centrales de Venezuela. Un sol abrasador acompaña a los presentes. El calor hace interminable la espera mientras unos suben y otros bajan del autobús. En la cola hay -en su mayoría- personas de la tercera edad. Los niños que van están notablemente enfadados y, al igual que los adultos mayores, reflejan en sus rostros la tristeza de una Venezuela que cada vez les exige más y les ofrece menos.

 

 

Son poco más de 2: 00 de la tarde. La gente se aglomera -como puede- a lo largo del bus. Los pasajeros tratan de darse aire con las manos. Abren las ventanas. No hay aire acondicionado, pues éste ha estado ausente durante los últimos meses de la ruta N 100 de este sistema de transporte, uno de los más usados en la capital guariqueña.

El autobús sigue su acostumbrado recorrido hasta llegar a la parada de la Casa Golfi, ubicada en el centro de la ciudad. La cola de gente es abrumadora y, apenas el bus se detiene, todos buscan la manera de acercarse para lograr abordar. “Caminen hasta el final del pasillo, por favor”, repite el conductor, quien se lleva miradas de odio de la mayoría de los pasajeros.

La próxima estación es ahora frente al Hospital Israel Ranuárez Balsa. Ahí, la cantidad de ciudadanos se pierde de vista. Al abrir la puerta todos se empujan sin compasión. En ese momento,  el conductor reitere su acostumbrado mensaje:  “Caminen hasta el final del pasillo, por favor”. Como respuesta, todos empiezan a protestar: “Será que nos vamos a montar unos sobre otros?, “Qué terrible lo que nos toca vivir en Venezuela“.

En esta parada apenas dos del total de personas que se montaron en la avenida Miranda van sentados. Sin embargo, el conductor rememora a los pasajeros que deben desplazarse a lo largo del pasillo para que muchos más puedan subir.

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40 minutos después se llega a la Plaza Bolívar. Los olores ya han tomado el bus. La gente protesta y el chofer repite: “Caminen hasta el final del pasillo, por favor”. Hay en muchos pasajeros rostros de rabia, de cansancio, de querer bajarse, de correr, de tomar aire. Pero nadie es capaz de bajarse.

El Yutong continúa su ruta y pasan 20 minutos más para su parada en la Villa Olímpica, lugar que se proyectaba ser la ciudad olímpica de Venezuela y que hoy luce completamente descuidado.

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En la siguiente estación hay mucha gente que decide subirse para asegurar un asiento hasta que el bus vuelta a pasar por el centro, aunque eso implique llegar hasta el terminal de San Juan. Los pasajeros están a punto de explotar y el conductor lo nota. De inmediato, exige a alguien ceder el puesto a una persona de la tercera edad. Esto apacigua el ambiente y hay quienes  comentan -entre ellos- que en Venezuela no todo está perdido.

La mayoría de las unidades de transporte que aún circulan en Venezuela van abarrotadas de gente y hay quienes no tienen más opción que arriesgar su vida en las llamadas  ‘perreras’. Como consecuencia de lo último, en lo que va de año más 30 de personas han perdido la vida y otras 250 han resultado lesionadas, una situación que se ha agravado en los últimos meses y que se ha replicado en todo el país.

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Desde principio de año una nueva figura del transporte ha tomado las calles de ciudades y poblaciones rurales del territorio nacional. Se conocen como  ‘perreras’ y no son más que camiones 350, de volteo o cavas que van full de personas.

En la avenida Sucre de San Juan de los Morros, en el centro de la ciudad, hay una parada fija. Ahí, hacen su cola quienes desean trasladarse a zonas como La Zamora, La Ceiba, Brisas del Valle y la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos.

Los camiones hacen las veces de las llamadas busetas en Venezuela. Un colector cobra el pasaje, generalmente muy por encima de la tarifa acordada y, tal como si se tratara de rebaños, la gente sube apenas agarrada de un par de barandas.

De cerca o de lejos, la cantidad de personas que van a bordo es completamente abrumadora. Se pierde de vista.