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Caracas se queda sin metro

Caracas se queda sin metro

Por Blanca Hurtado Nederr

Es jueves 30 de agosto y, como ocurre casi todos los días, lucen muy concurridas las dos cuadras que separan el terminal de pasajeros La Bandera de la estación del metro La Bandera. La mayoría de la gente, que va por la avenida Nueva Granada, camina apurada y mira a los alrededores. Hay cualquier cantidad de vendedores informales en medio de las dos cuadras. Desodorantes, afeitadoras, cargadores y cigarrillos se observan entre los productos. Algunos se detienen a preguntar precios, pero no compran.

Por la avenida Nueva Granada también transitan motos, muchas motos. Hay carros que van a toda velocidad. Cruzar para llegar hasta la estación del metro es una odisea. La avenida está dividida en dos canales de ida y vuelta. En el centro están, además, las dos vías y una estación del Bus Caracas, así que la gran mayoría de las personas se las arregla para pasar al otro extremo y por fin entrar al subterráneo.

Al llegar a la estación, abarrotada de ciudadanos, la mayoría trata de apurar más el paso. Hay mucha gente en los pasillos y nadie en la taquilla. Hace meses que el Metro de Caracas está completamente gratuito y, desde entonces, es como si ningún servidor público estuviera dispuesto a dar la cara. Son innumerables las situaciones que a diario se presentan en este tipo de sistemas de transporte. Este jueves 30 de agosto no sería la excepción.

Pasadas las 11 de la mañana un apagón detiene a la multitud, que apenas intenta pasar los torniquetes. Todo está completamente oscuro. Nadie hace reporte alguno. La multitud se empuja, la multitud se desespera, la multitud comienza a tratar de salir lo más rápido posible.

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Fue justo este mes cuando se conmemoraron los 40 años de la creación de la C.A Metro de Caracas, cuya empresa comenzó a funcionar de manera oficial el 8 de agosto de 1977 y años después, en 1983, se inauguró el primer tramo de la Línea 1 Propatria – La Hoyada. Cuatro décadas después, la empresa Metro de Caracas parece estar en medio de la nada. Como solución a la grave situación que enfrenta el medio de transporte más usado en la capital venezolana, a partir de septiembre se aplicará un aumento de las tarifas, que ahora estarán ajustadas al nuevo Cono Monetario.

En medio de la muchedumbre hay varias personas de la tercera edad. No se ve absolutamente nada. Algunos, los más osados, optan por usar sus teléfonos para alumbrar. Así, muchos aprovechan para subir las escaleras. Los viejitos se quedan atrás, entre ellos se encuentra una señora que lleva bastón. La desesperación empieza a apoderarse de ella. Grita. Pide ayuda. Nadie es capaz de darle la mano. Todos buscan la manera de salir. Algunos la empujan. La señora llora. La señora no encuentra qué hacer. La señora se agarra, como puede, de alguien que va pasando. La señora, finalmente, logra salir.

Como ella y toda esa multitud, que no es ni siquiera la cuarta parte de la cantidad de usuarios que llegan a estar en horas pico en la estación Plaza Venezuela, suman a diario más de 3 millones personas las que se trasladan por este medio de transporte.

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Una vez afuera, muchos se sienten aliviados después de haber superado los minutos más largos. No han pasado ni siquiera 10 minutos desde que se fue la luz y, sin embargo, la cantidad de gente en la avenida Nueva Granada es impresionante.

Las pocas camionetas que pasan van full. La gente comienza a aglomerarse. Muchos no llevan efectivo. Afuera de la estación del metro alguien lanza billetes de 1.000 Bolívares Fuertes. Son pocos quienes se detienen a tomarlos.

A los ciudadanos no les queda más que regresarse. Un grupo significativo se dirige, nuevamente, hacia el terminal de La Bandera. De ahí toman la vía que da al Paseo Los Ilustres. En esas paradas hay tanta gente como afuera de la estación. El sistema Metrobús tiene más de horas sin pasar.

“Ahora tenemos que pensarlo hasta para salir de la casa”, protesta una adulta mayor, notablemente extenuada por la espera, el calor y el sol.

La gente opta por seguir su rumbo a pie. Al notar la multitud, no hay buseta capaz de detenerse. Entre toda la gente hay dos señoras mayores. Ellas se van quedando atrás, al igual que otros tantos. Ellos no son más que el reflejo de una Caracas que colapsa cuando se queda sin metro.