La fiesta - Seis Grados - Experiencias que nos conectan
La fiesta

La fiesta

Por Marian Martínez Perdomo

Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas allí, sentado desde un ángulo en el que observabas cómo el vestido se ajustaba a mi cintura. No te conocía, pero tus ojos me decían que querías ser un súper hombre para mirar cada centímetro de la piel que mi ropa cubría. Cuando ambos nos miramos no hubo chispa. Solo sonreí.

Después de varios minutos, te acercaste y con un gesto me invitaste a entrar juntos en una espiral de adrenalina. No hablamos. Bailamos. Una y otra vez. Todos los ritmos. Toda la noche. De pronto, ocurrió el cortocircuito. El sudor fue el combustible y nuestro primer beso la chispa. Todo se movió dentro de mí cuanto tu lengua invadió mi boca. La primera vez fue accidental, la segunda tímida, la tercera, la cuarta y la quinta fueron voraces. Ya no había pista, ni baile, ni personas. Solo nosotros, solo nuestras lenguas y una infinita sed.

Un calor asfixiante colmó el salón. El fuego se extendía por cada uno de mis poros y me obligaba a volver a ti en busca de más. Cada tanto, tomaba uno de tus labios entre mis dientes y les daba un ligero mordisco para incitarte a ir más allá. Antes de que el sol se posará sobre la ciudad, un mar de lava nos expulsó del salón directo a aquella cama a la que volvimos un sinnúmero de ocasiones. En ella más de una vez recordamos que estábamos vivos, que a pesar de la distancia no podían separarnos. En esa cama, una y otra vez, comprobamos que hay incendios que no pueden extinguirse.