Heberto José Borjas trabaja por la lectura de autores venezolanos en Colombia

Humberto Jose Borjas

Desde octubre de 2017, el escritor venezolano Heberto José Borjas, autor del libro de cuentos Desde la nada (FB Libros, 2017), ha trabajado por la promoción del libro y la lectura de obras venezolanas en Colombia, país donde reside desde 2010.

En solo pocos meses ya el autor se ha fijado su propia impresión sobre el circuito del libro colombiano, cómo es la relación que existe entre el distribuidor, el librero y el lector, qué tanto leen los colombianos y cuáles son las obras de autores venezolanos que han logrado ganarse un puesto en las librerías del vecino país.

Sobre estos y otros temas reflexiona el autor a continuación.

¿Desde cuándo comenzó a trabajar por la lectura de autores venezolanos en Colombia?¿Qué observaciones ha encontrado en este proceso?

Comencé en Octubre de 2017. A propósito de mi inquietud de distribuir en Colombia mi más reciente libro, Desde la nada, aproveché el esfuerzo y el contacto con librerías de Bogotá para mostrar a los libreros el catálogo de FB Libros, sello con el cual mi obra fue editada el año pasado.

La primera impresión que tengo es que las relaciones entre las librerías y los distribuidores de libros son variadas. Hay empresas con quienes la relación es muy protocolaria y hasta fría (pues ven un libro como una mera mercancía que debe arrojar ganancias), pero también hay libreros con quienes la relación es más franca, directa, y hasta se preocupan en leer (o por lo menos, ojear) el ejemplar de cortesía que les ofreces y te invitan a que uses sus espacios para organizar eventos literarios.

Por otro lado, el colombiano no es indiferente a los libros. Lo sé por las cifras que muestra la Filbo (Feria Internacional del Libro de Bogotá), donde el número de visitantes aumenta cada año a pesar de que la boleta de acceso ronda los tres  dólares por persona. El Gobierno Nacional ha hecho ciertos esfuerzos por promover la lectura, aunque ya sabemos que todo lo que se haga no será suficiente para subir el promedio de lecturas en Colombia, apenas de 1,9 libros leídos al año por persona. Sin embargo, lo que veo a diario en la calle me dice que la juventud sigue leyendo, que tiene un gusto variado. No dejo de encontrarme chicos y chicas leyendo en cafés o en el transporte público.

 

¿Cuánto cuesta comprar un libro en Colombia?

En librerías el precio de las novedades literarias oscila entre los 13 y 20 dólares, sólo por tomar referencias de las editoriales líderes en el mercado y sus autores más vendidos, de manera que en ese aspecto se puede afirmar que un libro en Colombia es costoso más no imposible de comprar. Son precios muy similares a los que puedes encontrar en España, por ejemplo. Los títulos de FB Libros que he logrado distribuir en el país tiene un precio menor para hacerlos más apetecibles en medio de la pléyade de opciones que pueden encontrarse en los estantes de las librerías, sin que el bajo precio ofenda la labor del autor ni la calidad del trabajo editorial que hay detrás de cada título.

-¿Cuáles son las editoriales y los autores venezolanos presentes en las librerías colombianas?

Cuando me mudé a Colombia en 2010 lo primero que resentí fue la ausencia venezolana en las librerías bogotanas. Sabía que sería difícil encontrar a Miguel Otero Silva o a Uslar Pietri, y por ello me he dedicado en estos años, a modo de pasatiempo, a buscar autores venezolanos, y he encontrado muy poco. Para ser más concreto, La enfermedad y Patria o muerte de Alberto Barrera Tyszka, que han ganado premios en España, son dos libros que sí podrás encontrar junto a novelas de Boris Izaguirre, The Night de Rodrigo Blanco Calderón, Doña Bárbara (en la sección de Clásicos) y ahora mi libro Desde la nada. Todos estos títulos pueden hallarse sin demasiada dificultad en las librerías colombianas como Librería Nacional, Panamericana, Tango Discos y Libros, entre otras. El asunto es que estas obras son editadas por sellos internacionales como Alfaguara, Herralde y Planeta. Sé que Ediciones Ekaré y Libros del Fuego están distribuyendo en Colombia algunos de sus títulos, pero no se encuentra más variedad de editoriales venezolanas, salvo que desde finales de 2017 pude distribuir mas o menos 12 autores de FB Libros que hoy pueden comprarse en Tango Discos y Libros, Librería Nacional y la librería Hojas de Parra. Me refiero a obras como Aghori y Andantes de Néstor Cánchica, Verde que me muero de Jason Maldonado, Nombre de mujer de Arnoldo Rosas, ¡Se termina conmigo! de Natasha Prosperi, Juegos de Fauno de Aladdar Temeshy, Hojas de Romero de Miriam Marrero, Russell de Lester Dávila y Desde la nada de mi autoría, entre otras.

Espero que pronto se nos abran las puertas de otros espacios con quienes ya he iniciado contacto, como la Librería Luvina y la librería del Fondo de Cultura Económica, que no sólo son lugares donde comprar libros sino enclaves culturales donde se realizan distintos tipos de eventos alrededor del libro.

-¿Crees que es buen momento de hacer de la crisis un motivo para leer a los venezolanos tanto en Colombia como en otros países del mundo? Esto como una forma de entender quiénes son los venezolanos, cómo pensamos y qué hacemos.

Sí.  Esta era infausta de la historia patria podría ser para muchos potenciales lectores alrededor del mundo una motivación especial que les lleve a leer autores venezolanos, pero mi intención es que no sólo se acerquen a las obras con la curiosidad de saber cómo es la vida en Venezuela dentro del socialismo del siglo xxi (permítanme las minúsculas) sino para conocer nuestra idiosincrasia, algo que por su complejidad está más allá del dominio temporal de una determinada parcialidad política. Apenas empieza en Venezuela a surgir la literatura de la involución, que es como yo llamo a las obras que están dejando testimonios sobre el país de comienzos de este siglo. Patria o muerte y The night, que ya nombré, son ejemplos brillantes, pero antes de estos años aciagos del chavismo en el poder se escribió y publicó mucho material interesante mucho para un curioso lector foráneo que quiera entendernos y saber por qué estamos como estamos (no descarto que dé con la explicación más fácilmente que nosotros mismos). Y esa es la literatura venezolana sobre la cual hay mucha ignorancia en el extranjero. Los catedráticos e investigadores especializados a nivel internacional sí conocen nuestras mayores referencias literarias, pero en cuanto a lo que el público general puede encontrar en librerías hay una ausencia casi total. Hace un par de años encontré, de puro milagro, Falke de Federico Vegas y La fascinación de la víctima de Ana Teresa Torres en un remate de libros baratos. Y ya sabemos que los milagros no ocurren a menudo.

 

-¿Consideras que es el momento de establecer en Colombia una suerte de círculo de lectura o un proyecto más grande para dar a conocer a los  autores venezolanos?

Es mi sueño participar en algo así. Quien quita y sea una próxima iniciativa que me atreva a emprender en Bogotá. No pasará mucho tiempo antes de que sepamos de premios literarios en el extranjero dedicados a Venezuela, o compilaciones de relatos enfocados en la diáspora venezolana actual. Es decir, se acentuará la literatura venezolana hecha desde afuera, o sobre la emigración, lo cual podría acercar nuestros autores a aquellos que se supone serían sus lectores naturales. Entonces un plan como el de entablar y sostener un club de lectura, o un premio literario para la comunidad venezolana, o algo por el estilo, no luce descabellado pero requiere un trabajo mancomunado (amén del tesón, patrocinadores y del tiempo necesarios) en el que yo estaría dispuesto a hacer mi aporte. Ojalá encuentre en Colombia paisanos entusiastas con los cuales trabajar mano a mano.

¿Qué está escribiendo en este momento?

Desde comienzos de este año le he dedicado más tiempo a la revisión y corrección de una novela escrita por completo en Bogotá. Y sin embargo creo que es hasta ahora la más venezolana de las obras que he comenzado. Ha estado engavetada por 3 años y apenas ahora decido acercarme a ella de nuevo. Creo que un par de semanas terminaré la revisión final. Se titula Las verdades cuadradas. Con ella quise intentar una novela romántica contemporánea que se alejara de los cursis y predecibles lugares comunes del género chick lit tradicional, pero me salió tan contemporánea que no pude evitar caer en la denuncia social, algunos personajes terminaron apasionados por la política y un par de ellos engrosan la lista de venezolanos emigrantes. Desde una perspectiva general es un retrato familiar, con sus virtudes y defectos, que me sirvió de excusa para tratar otros tópicos que me inquietan, como la lealtad, el primer amor, la esperanza en un mesías político, los chismes dentro del seno familiar, que en su momento leerán. Espero no haber dado spoilers.

Tengo congelado un futuro libro de relatos, que llevo adelantado un 60%, supongo, y con el cual me he divertido mucho escribiendo, a pesar de que una de las historias me toca muy de cerca, pues tiene que ver con mi padre, fallecido en mayo del año pasado, durante el proceso de edición de Desde la nada. No puedo dar un título definitivo dado que ni yo mismo estoy seguro del mismo, pero lo que sí puedo asegurar es que el tono de esta compilación será distinto al de Desde la nada, donde el crimen, la violencia, la intolerancia y la fatalidad parecen ser elementos comunes. Las historias de esta obra en proceso estarán emparentadas, me parece hoy,  por la noción del adiós, de la finitud, de la despedida como presencias inevitables en toda interacción o empresa humana. Retomaré este libro en un par de años, cuando termine otra novela que llevo congelada.

Y finalmente, pero no por ser menos importante, espero retomar a mediados de este año una novela que empecé en septiembre de 2016 y que tras 50 páginas debí abandonar debido al caudal de información valiosa con la que debía documentarme para poder continuar con paso firme. Es mi proyecto mi proyecto más ambicioso, me lo he tomado tan en serio que he tomado medidas para reducir el riesgo a naufragar, y me di una pausa larga cuando creí que era necesario. De hecho, durante esa pausa se editó Desde la nada. Por ahora sólo puedo revelar que contaré a mi manera una leyenda urbana que ha circulado por ahí desde hace casi 50 años. Espero terminarla a mediados de 2020,  a más tardar.

 

Diez son los relatos que integran este volumen que hoy ofrece al público lector Heberto José Borjas. Diez relatos de largo aliento y que están emparentados por un leitmotiv: la fatalidad. Los protagonistas de cada historia son personajes enajenados, conflictivos, dramáticos y con una endeble construcción ética y espiritual. Tan endebles son que su vida es superada enteramente por circunstancias externas o por sus propios conflictos internos. Es la fuerza de una prosa cruda y cautivante lo que mantiene al lector amarrado al libro: no hay manera de dejar la lectura a medio camino. El final de cada relato se precipita como una urgencia insoslayable. Abogado de profesión, Borjas sucumbió ante la fascinación literaria siendo apenas un adolescente. Tenía dieciséis años cuando tuvo sus primeros encuentros con Gallegos, Quiroga, Vargas Llosa, Neruda, Otero Silva y otros grandes de la literatura universal. También del cine ha recibido influencias significativas, que han determinado su manera de contar las historias. Ha de ser por eso que Aversión a los niños, Su propio destino, Ineludible sucesor, Las manzanas podridas, Dos viejitas inmortales, Invisible, El aberrado Néstor, Último intento, Desde la nada y El planeta gemelo tienen ese ritmo envolvente y subyugante que mantiene al lector en vilo para dejarlo caer sin aviso al final de cada historia. Tres de estas historias están basadas o inspiradas en hechos reales. Las siete restantes son producto exclusivo de la imaginación creadora del autor. “Los relatos que son pura ficción –admite Borjas– quizás respondan a mi afán de sentirme libre, de volar, de narrar a veces por el puro placer de hacerlo”. Y en esto coincide con García Márquez, quien llegó a señalar que narrar es el estado humano más parecido a la levitación. Y se levita y se disfruta el hecho de contar incluso cuando lo fatal sea el elemento preponderante. No importa cuáles sean los hechos, “la escritura –insiste el autor– los puede elevar a un punto en el que, por más cosas feas que se narren, la visión del narrador las hará digeribles y aceptables dentro del pacto de ficción que establezca con el lector”.

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