“Somos tan generosas que pedimos igualdad, cuando deberíamos exigir compensación”

Por Pilar Ruiz  / Ctxt.es

Podría ser la Lena Dunham española. Como la creadora de la serie Girls, tiene todo lo necesario para atrapar a una nueva generación de espectadores televisivos, esa que pide a gritos un espejo en el que mirarse. Isa Calderón (Madrid, 1983), guionista, humorista y reina de las Reviews de cine, ha creado un personaje divertido y provocador al que pasea por el mundo con desparpajo castizo. Un personaje que se parece mucho a ella: divertida, talentosa, inteligente, sin miedo a contarse y a contarnos.

Conversamos con Isa sobre sobre el humor, el machismo, el caso Weinstein o su polémico despido de El Español. Sobre hombres y sobre mujeres.

 

 

Con todo lo que está ocurriendo respecto a la situación de la mujer en el mundo, esta toma de conciencia feminista, ¿es necesario un nuevo punto de vista en el mundo de la ficción?

Hay un proyecto de televisión que estamos desarrollando. Soy una kamikaze y me han dado libertad para ser arriesgada, con feminismo a tope, con un realismo radical. Creo que es muy interesante desde muchos aspectos, incluso el antropológico, presentar otro punto de vista femenino en este país. Hay grandes directoras y guionistas que llevan en la ficción desde hace mucho tiempo, pero necesitamos más, más miradas sobre la situación de la mujer en la actualidad. Fíjate si es necesario, que de pronto se convierte en portada de todo el mundo el caso Weinstein y todo lo que se ha destapado alrededor, con Woody Allen, el cinismo de este señor, que habla de caza de brujas… Y Weinstein ahora se va a un centro de desintoxicación, a un spa en Arizona: mira, no eres un adicto sexual, eres un violador. Habéis dominado esta industria desde siempre, y ahora ¿estáis oprimidos? Como dije de Pérez Reverte cuando publicó aquel artículo tremendo sobre Cristina Hendricks y su cena en Casa Lucio: ¡Pero si sois el establishment! Vosotros sois los opresores y cuando alguien os acusa de ello os ponéis nerviosos.

Asia Argento, una de las primeras en acusar a Weinstein, ha tenido que abandonar Italia por la  campaña de la prensa contra ella. La acusan de promiscua y de ejercer la prostitución. Hay que recordar que hasta 1996, la violación en Italia era considerada un crimen contra la moral, no contra la libertad sexual del individuo.

Muchos se preguntarán por qué no lo han denunciado antes, como han dejado pasar tanto tiempo, que hay que llevarlo a juicio, y mientras las víctimas se convierten en un punching ball para todos los machistas misóginos que justifican comportamientos delictivos. Es tan vomitivo… Que igual te tienen que capar, Harvey.

¿Has visto The keepers? [Serie documental de sobre el encubrimiento de las violaciones y posibles asesinatos en un colegio femenino católico de Baltimore]

Bueno, este tema en este país no se puede ni tocar. A mí me echaron de un medio [El Español] por hacer un chiste naif que no atacaba la religión: comparaba la Biblia con libros de la literatura universal, pero ya digo que de eso no se puede hablar. Fui una inconsciente por meterme a hacer lo que yo hago en un periódico ultraliberal, tan alejado de mi ideología. Pero no creo que vuelva a sucederme más. Cometí un error, tonta de mí, que fue ir a Twitter a decir que si el PP se carga sistemáticamente las humanidades, yo me cagaba en la Biblia. Bueno, mal; quizá no tenía que haber escrito eso y lo quité en cuanto me di cuenta, a los 10 segundos, pero ya era tarde.

 

 

¿Si fueras un humorista, por ejemplo, Ignatius Farray, podrías haberlo dicho sin consecuencias?

Sí, yo creo que sí, podría haberlo dicho y no hubiera pasado nada. Porque si Ignatius Farray fuera mujer… se la cargarían. Sería imposible que existiera como humorista. Él juega a epatar, y como en el humor no hay límites, puede decir lo que le dé la gana y si le linchan se la suda.  Un señor puede resultar estrafalario, extravagante, exótico. Se le permite. Si salgo yo a decir las cosas que dice este tío… No, no es mi rollo. Yo hago humor con cosas obvias, de esas que todo el mundo sabe y que defienden una causa y fíjate lo que pasa. Porque claro, una tía, que encima en el vídeo dice que la Biblia no es feminista… Yo soy de izquierdas, atea, republicana y feminista… ¿Qué futuro tengo en este país? No lo sé. Pero es que yo ya no me puedo callar, ya lo he dicho todo.

¿Existen límites del humor o ponen límites al humor?

¡Mi límite es ser una mujer! Es mi límite completamente, lo tengo estudiadísimo: es ser tía. Ya está. Si fuera un hombre podría decir las cosas que digo con total tranquilidad. Y encima en la manera que las digo: a veces me pongo muy chula, muy redicha, muy snob… El personaje tiene que resultarles asqueroso a estos tíos.

¿Es una provocación?

Absolutamente. Aunque no empecé haciéndolo así: yo hablaba de forma ingenua riéndome de lo obvio y resulta que los ataques fueron a degüello desde el principio. Ahora ya me pueden llamar desde puta a feminazi malfollada, es que ya no me afecta, ¡me da absolutamente igual! (Ríe) Sé de dónde viene y por qué lo dicen.

¿En qué quedarán todos estos escándalos que han salido a la luz?

Pues esperemos que haya cambios. Pero yo no he vivido una época tan ultraconservadora como ésta. Con tanto gilipollas. En mis 34 años no he conocido etapa más involucionada. Fíjate lo que ha pasado con el festival Ñ con media mujer invitada o el cartel del columnismo en León. Creo que en el festival Ñ del año pasado con una mujer como directora, había paridad. Cambiaron de director: ya no.

¿Nos han obligado a ser feministas?

Totalmente. Lo que ocurre es que no es tan fácil darse cuenta de la violencia contra las mujeres y puedes pasarte la vida así. La desigualdad está maquillada de forma muy sutil, crecemos con ella: esta mierda está incrustada en tu cerebro. Menos mal que unas nos podemos despertar a las otras.

 

 

Has dicho en varias ocasiones que hay una toma de conciencia feminista que, aunque haya estado siempre ahí, aparece en forma de click. ¿Cuándo tuviste ese click del feminismo?

Cuando empecé a trabajar. Mis padres son feministas, los dos trabajaban, repartían las tareas domésticas, era todo equitativo… Hasta que salí fuera de mi ámbito inmediato. En el mundo del guión siempre hay menos mujeres que hombres: en una sala de guionistas de 20 personas, estamos dos mujeres de media. Entonces descubrí que no me escuchaban, mis ideas las hacían suyas otros, me interrumpían constantemente, no eras una más porque estabas fueras de ese compadreo entre ellos. Y ese tono siempre condescendiente y paternalista: qué bonita, qué maja…

¿Y las directoras?

En el set tienes que tomar el control, es el rol de director. Entonces eres la mandona: qué genio tienes, qué te has creído. Cariño, tengo una responsabilidad y soy mandona igual que tú. El problema de fondo es que a las mujeres no se nos permite ser narcisistas ni ególatras, cosa que está implícita en los creadores; ellos sí lo dan por hecho. Incluso lo consideran necesario en esta profesión. Pero ¿una mujer? En seguida viene un hombre a explicarte lo que eres, por si no lo sabías. Lena Dunham recibió miles de ataques de sus propios compañeros porque cuenta su vida: la acusaron de egotista, de narcisista… Pues qué bien, qué maravilla;  si a mí me interesa saber su punto de vista pues que lo sea, que nos cuente si engorda, si adelgaza, si se enamora… Que nos lo cuente todo. Menos mal que está esta tía. Mira, sobre esto: en el día del estreno de Deforme Semanal, el show teatral que hacemos en el Teatro del Barrio, me di cuenta de que todos los chistes que hacíamos Jelen Morales, Lucía Lijtmaer y yo eran contra nosotras mismas: siempre con el síndrome de la impostora, eso de que no te puedes creer mucho lo que haces. Siempre autocríticas.

¿Una autodefensa?

Claro, antes de que lo hagan los demás, ya lo hago yo. Nacemos en una sociedad que nos machaca constantemente, así que vamos a reírnos de ello. En el show nos reímos de nosotras mismas atacándonos. En un espectáculo de tíos esto es mucho más raro.

Que el humor femenino tenga éxito es más difícil, ¿está mal vista una mujer humorista?

Cada vez funcionan más los espectáculos de mujeres, pero sí, es verdad: a muchos hombres les molesta el sentido del humor femenino. Y, sobre todo, no les hacemos gracia a los señores que no han escuchado nunca a mujeres que hacen chistes sobre sus situaciones. Eso cambiará en el momento en que se liberen de su posición de privilegio. Haz una introspección sobre los privilegios que tienes sobre nosotras y luego, te relajas: ya sabes que voy a atacar a tu sexo, porque voy a darte caña hasta que te acostumbres y me conozcas, pero a priori no te voy a hacer gracia, al revés.

Porque tienes infinidad de haters, todos esos señores que se sienten en la obligación de “opinarte”.

Estamos enseñadas desde niñas a agradar, cuando no lo haces… En el fondo les da un miedo impresionante descubrir que una mujer les está cuestionando. En cambio nosotras estamos acostumbradas porque siempre se nos ha cuestionado y desde todos los ámbitos, por el mero hecho de ser mujer. El primero, el físico. Luego está internet: ese espacio fundamentalmente machista. Youtube, Facebook, Twitter… todas las redes sociales son un campo abierto para que los anónimos insulten, y sí, para gente que considera que su opinión es importantísima y que necesita que te enteres bien de ella.

Es que la opinión es una cosa muy viril. Y cuanto más afirmativa mejor.

Pues resulta que nosotras también tenemos opinión, aunque yo reivindico que se puede cambiar de opinión y no pasa nada. Eso también es muy de mujeres. No me importa cambiar o contradecirme, dudar… Pero luego llegan todos los que consideran absolutamente necesario decir si lo haces bien o mal, si eres graciosa o no, si eres buena o mala feminista, si tu tono es… Me da igual: yo soy muy libre, pero eso es muy arriesgado y les jode mucho. Siempre hay alguien que te dice: “No puedes salirte del carril, querida.”

¿Una humorista, aunque no quiera y no sea consciente, siempre es feminista? Es decir: el humor tampoco era patrimonio femenino. Si eres mujer y estás haciendo un espectáculo humorístico, utilizas una herramienta de visibilización, una apropiación del protagonismo en un campo muy concreto. Por ejemplo, Lina Morgan, un personaje con tanto éxito durante tanto tiempo, que hacía esos personajes ridículos muy populares y un humor costumbrista tradicional, ¿sería una pionera?

Sí, claro. Ella jugaba a ser grotesca, era una clown perfecta, una de las primeras mujeres en España que hacía eso. Ahora que venga el Javier Marías de turno a decir que no tenía gracia, como lo de que Gloria Fuertes no era buena poeta.

Lo has dicho en muchas ocasiones: todo es machista.

¡Por supuesto! Son siglos de sometimiento y desde ese punto de vista todo es parodiable. Y me lo llevo al terreno amoroso, porque me considero víctima de esa cultura del amor romántico, de lo que me han hecho creer que debería ser el amor, o sea: lo más importante. El amor es mucho más importante para mí que para él porque hemos sido educados en modelos diferentes, y yo tengo inculcado el mito del príncipe azul y claro, ahí chocamos: un hombre no suele tener el amor como leitmotiv.

¿Y dónde quedaría la tiranía machista sobre los hombres obligados a encajar en un modelo impuesto por su propio contexto cultural?

Esos sufren como perras, claro. Se esconden… Pero es que ese tipo de masculinidad impuesta desde fuera está resquebrajado. Porque nosotras ya llegamos fuertes y no vamos a seguir compartiendo la vida con desahuciados emocionales. Eso no dura. A mí me atraen los tíos que no están en ese rollo rancio, jodiendo a las tías, con esa figura antigua que emocionalmente es una ameba.

 

 

¿Hay muchos heteruzos en rehabilitación?

Sí, sí. Mucha gente alrededor nos pregunta todo el rato eso de “oye, ¿esto es machista?”, porque ya nos tienen miedo. Y sí que veo un interés en una nueva educación. Claro que también están los que hacen diferencias –con unas sí, con otras no-; porque sigue habiendo mujeres que no les cuestionan, porque cada una llega al feminismo cuando llega. Mujeres sumisas con la sociedad tal y como sigue siendo, de las que no plantean conflictos. Ellas también tendrán que hacer su trabajo de introspección, todas nos tenemos que cuestionar.

También existe el feminismo censor, intolerante y corto de miras respecto a la libertad ajena, especialmente contra la libertad de expresión y el arte. Por ejemplo, respecto al desnudo femenino.

Cuando yo hice ese video en La Vanguardia en respuesta a la columna de Pérez Reverte en el que decía que yo no estaba invitada a esa cena porque no tenía un rabo de aquí a San Sebastián de los Reyes, y que si lo tuviera, pues sí, vino un grupo de trans a señalarme a través de las redes. Estas señoras me acusaron de machista, transfóbica y de todo. Casi las denuncio, porque me pareció una vergüenza lo que me hicieron. Si encima no estamos todas juntas en esto, pues apaga y vámonos. Tenemos que ir unidas, si no, no lograremos nada. Porque los términos se confunden demasiadas veces: Paula Vázquez recibió muchísimas críticas de este estilo por posar desnuda. Pues esta señora con su cuerpo y su imagen y su sexualidad hace lo que le sale de las narices. Es libre de hacer lo que quiera, como enseñar una teta, porque en eso precisamente consiste el feminismo.

 

 

Habría que explicarles, por ejemplo, que el burlesque es un arte.

Exacto. También es cierto que hay muchas ramas del feminismo y posturas distintas sobre temas como la prostitución, la maternidad subrogada… Que está muy bien que haya debate, aunque cada una tengamos nuestra perspectiva y opinión. Y no vamos a negar que vivimos en un universo capitalista y el mercantilismo existe. Pero eso de atacarnos las unas a las otras… Un error.

¿Es la independencia de Cataluña machista o feminista?

¡Ostras! (Ríe) Creo que tanto el nacionalismo español como el independentismo catalán, llevados por sus líderes intrínsecos, por supuesto que es machista y es un duelo de pollas.

¿Incluso con Anna Gabriel?

Seguro que está sufriendo con todo esto… Un duelo de pollas, así de claro.

¿Qué hacen las mujeres con cargos políticos en materia de igualdad?

Muchas políticas del PP juegan a las mismas dinámicas que sus compañeros de partido. A mí no me vale, pero claro; qué les vas a pedir a unas señoras que son de un partido de derechas… ¡Encima ellas se catalogan como feministas! A mí no me representan. Y qué desperdicio, porque podríais estar haciendo tantas cosas, queridas, tantas cosas…

¿El feminismo tiene que ser de izquierdas?

El feminismo debería ser patrimonio de las izquierdas y tampoco lo es, porque cuando tratas a compañeros votantes o simpatizantes de estos partidos, te das cuenta de que son igual de machistas que los de derechas.

Tras el desastre de los incendios de Portugal, la ministra de Interior Constança Urbano dimitió de su cargo. ¿Es casualidad que sea mujer?

Es lo que decíamos antes: somos tan autocríticas… El síndrome de la impostora es tener que pedir permiso o estar dando las gracias eternamente por llegar a donde llegamos. Trabajamos el triple para demostrar que un puesto lo ganamos con todas las de la ley. Y a ellas les llega la culpabilidad antes y dimiten. Pero esto aquí, en España, no sé yo si pasaría: creo que ni unos ni otras. Aunque Colau y Carmena me encantan, ¿eh? Estas señoras son intachables.

Artistas, novelistas, guionistas, humoristas, periodistas… ¿Qué podemos hacer?

Es que estamos atravesando una precariedad tan impresionante… La crisis nos ha golpeado más. ¿Y dónde quedamos nosotras? En un lugar oscuro y muy en la penumbra. Porque el poder sigue estando en manos de hombres, no hay más que ver el número de directoras de medios de comunicación y el de directores.

 

 

Se podría decir que vivimos la era de las series de televisión. ¿Qué le falta al audiovisual español para entrar en ella?

Que se apueste por la originalidad. Hay una explosión de  creatividad en todo el mundo, y aquí los capítulos de las series siguen teniendo una duración excesiva y continúa esa política de “series para toda la familia”. ¿Por qué? Yo respeto mucho a ese público, pero esas series pueden coexistir con otros productos destinados a otro target, más creativos. El loop del que no salimos, donde además la series que se ven están pocas escritas por mujeres, dirigidas o producidas por mujeres. Y son necesarias. Además, nosotras consumimos más ficción. En EEUU ya se están poniendo las pilas: que en Girls una señora rellenita salga desnuda y hable de sexo como habla, donde todos follan mal, en un mundo laboral precario, en un mundo emocional precario…  ¡Ya era hora! Es la serie que más me ha gustado en una década.

 

¿Es tu recomendación para enganchar a los espectadores al feminismo?

Por supuesto. Nunca antes hubo un producto audiovisual con la mirada, la presencia y el físico de Lena Durham. La recomiendo a todos porque cuenta esa humanidad necesaria, esas vidas de esas mujeres normales en un momento contemporáneo. Y de cine recomiendo mi última Rewiev Fuertecita con Agnes Vardá; esa señora militante, artista, tan libre… Cleo de 5 a siete es un alegato absolutamente feminista y una película maravillosa.

Está también ese prejuicio que decreta que las mujeres solo podemos contar cosas íntimas, cotidianas o románticas, alejadas de la acción, la épica y la espectacularidad.

¡Pero si nosotras disfrutamos igual de Los Soprano o de Juego de Tronos! ¿Qué es eso de que los productos hechos por mujeres solo pueden ser de determinada manera y ser consumidos por otras mujeres? Esto es una chorrada y una memez… ¡Si somos la mitad de la población del mundo! Podemos contar cualquier tipo de historia y conseguir que los hombres se interesen por ello. A mí me encantaría escribir una serie política. Porque podemos y queremos hacer de todo, nos lo hemos ganado. Y por justicia poética… ¿Feminismo radical? Si somos tan generosas que pedimos igualdad, cuando deberíamos exigir compensación.

Fuente: Ctxt.es

 

 

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